Santa María de la Esperanza, Santiago Texacuangos, SS

 “Les pido por favor, hagan comunidad; únanse, cuidence, amense, no se dividan”

  José Ángel Monge

Asamblea Comunal, domingo 22 de enero del 2017 

fabianDE MANERA GENERAL 

La comunidad es el espacio, lugar y vínculo entre los integrantes que deciden encubarse bajo las mismas características, motivaciones y objetivos, por encima de la diversidad. Es el vínculo genuino entre lo personal y lo social que construye diariamente la colectividad. Es lo que lleva a una joven a dedicar un fin de semana para hacer una “tarde alegre”[1] con el ánimo de mantener la alegría y la convivencia sana de la comunidad. Es el hogar que construimos entre todas y todos los que nos adherimos al proceso de edificar el presente.

De este vínculo entre lo personal y lo social queremos dialogar, ya que nos parece que aunque lo vivimos, lo expresamos y lo defendemos apasionadamente, no hay un consenso y claridad sobre qué es lo que nos integra. Por que si de algo hemos concluido en estos últimos años, es que los valores y principios comunitarios son una fortaleza o un pilar fuerte en el quehacer de las y los habitantes, pero no es lo único, es mas, creemos que no es lo decisivo.

NUESTRO MODO DE VIDA EN SANTA MARÍA DE LA ESPERANZA:

La comunidad fue fundada en principios y valores cristianos que sentaron las bases para manteneros en vínculo colectivo, que nos permitió tener un ambiente o convivencia agradable y con disciplina sobre el la actividad comunitaria, sin embargo, simultáneamente se fueron desarrollando algunas condiciones materiales y objetivas compartidas, que hacían madurar en la praxis las interrelaciones de estos valores. Porque los valores y principios son como las nubes de ideas en el cielo, que asumen su forma concreta en las gotas de lluvia que tocan los árboles y la tierra. Podemos apreciar entonces que en el desarrollo de la comunidad se han construido estas bases materiales y estrechamente a ellas  las condiciones identitarias, subjetivas y organizativas de la vida comunal. Esas condiciones objetivas son –a nuestro juicio- las que en primera instancia nos mantienen hasta la fecha en comunidad.

Veamos entonces porque decimos que las condiciones materiales y objetivas compartidas que nos integran son vitales para la existencia y sobrevivencia de Santa María de la Espereza:

Creemos que dejaremos de ser comunidad cuando la propiedad colectiva de la tierra de nuestra comunidad pase a ser parcelada por cada habitante o familia de la comunidad y cuando la finca comunitaria pase a ser administrada por individuos y no por el organismo de dirección de la comunidad. Cuando la tienda comunitaria se vea invadida por tiendas personalizadas en los rincones de la comunidad y nos veamos obligados a cerrarla. Cuando el manantial de agua se desvanezca y nos obligue a tener agua potable de la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA) y eso implique no estar enlazados por ese recurso. O cuando la escuela no responda a la filosofía de la comunidad y pase a manos del Ministerio de Educación  de El Salvador (MINED) para ser dirigida por un agente externo, así como cuando la necesidad organizativa de las y los habitantes sea suplida por la determinación de resolver en parejas o familia los asuntos concernientes a su vida colectiva.

VAMOS UNO A UNO:

  1. La propiedad colectiva de la tierra

La comunidad aún posee tierras que son administradas por una Comisión de Tierra, que al mismo tiempo es conducida por la Directiva de nuestra comunidad; quienes organizan de qué manera serán producidos cada uno de los espacios comunales. Aunque cada familia tiene el derecho de tener legítima y legalmente un espacio donde construir su hogar, no se tiene la facultad moral de vender a personas externas de la comunidad sin previa autorización del órgano de dirección comunal (En este caso es de señalar que aunque ya se hayan hecho ventas lamentablemente sin la intermediación de las autoridades comunitarias, hoy por hoy no se ha hecho con gente externa. Hay que luchar para que eso no pase) así también está el caso de la finca de nuestra comunidad, la cual tiene aún la producción de algunos frutos que son para beneficio comunal, por eso tiene una característica particular que luego la abordaremos.

La posesión colectiva de la tierra nos hace estar en un mismo terruño compartido, nos hace convivir fraternalmente por encima de las diferentes maneras de apreciar la vida, nos da un vínculo de cuido por lo que es nuestro, de nadie y de todas y todos al mismo tiempo.

  1. La finca comunal

Hacemos notar la finca comunal aparte, no porque no sea nuestra tierra colectiva, sino porque esta tiene el componente que nos integra en un lazo común: la producción. Y porque no hacemos trabajos comunitarios o “mingas” como le decimos, para el cuido de las tierras donde cultivan las y los campesinos el maíz, frijol, güisquil, etc., como sí lo hacemos para cuidar, sembrar o dar mantenimiento a la plantación de café y otras frutas que ahí se producen. Este es un recurso en el cual la comunidad por completo mete mano: días de trabajo, pago de una o un trabajador permanente, fiscalización y rendición de cuentas por su productividad, en fin, la producción de la finca nos compete y nos tiene pensando y actuando rente a ello.

En asambleas comunitarias se decide la intervención al desarrollo de la finca, se piden cuentas de sus productividad y mejoras, aún se recibe beneficios de ese vital recuso que es de nadie y de todas y todos al mismo tiempo.

En estos dos aspectos ya se han generado contradicciones al respecto de la posesión individual de ellas, que en su momento fueron derrotadas las posiciones por el principio fundacional de la tenencia colectiva de las tierras, lo cual no significa que no existan en la psicología de algunos habitantes la necesidad de reabrir el debate sobre parcializar, pero por el momento no se tiene la fuerza suficiente como para reabrir esa discusión comunitaria,  lo que sí es de predecir que no pasaran más de diez años en reaparecer…

  1. La tienda comunal

Como iniciativa del fundador de la comunidad y el entusiasmo y empeño de la juventud que primero poblaron estos terruños, se construyó la comunidad con fines solidarios para sus habitantes, y desde entonces su visión no ha desfallecido. Su benevolencia con las familias de escasos recursos de fiar los productos adquiridos por un tiempo estipulado, sus precios cómodos en algunos productos y principalmente su apoyo con el excedente al desarrollo comunitario sigue siendo valioso y significativo. La tiende es un territorio común y colectivo de sus habitantes.

Sobre la tienda comunal suscitan diferentes anécdotas de gran valor simbólico, de bellos y no tan bellos encuentros entre sus habitantes. Así como de todas y todos es conocido, en ella no solo se llega por la compra de productos materiales, sino que es también el encuentro de amistades, el espacio donde se convive, se ríe, se entera de las noticias comunitarias, etc. En su entorno se conoce sobre la salud, la alegría, los triunfos o tristezas  de los otros y otras; es un espacio incluso, de esparcimiento.

Ahí se produce más que un excedente, ahí también se produce la comunidad. El día en que un habitante solo se mueva dos casas enfrente y encuentre una tienda o el día en que los beneficios de lo que se compra y vende en la comunidad sea de beneficio de unos pocos y no del colectivo, también se estará perdiendo parte de la comunidad. Esto no niega o contradice desde luego, que haya personas que puedan tener algunos productos de venta que permita la subsistencia familiar. Eso es válido siempre y cuando este normado y debidamente organizado por las autoridades comunitarias, como es el caso actual, que se prohíbe la venta de los productos de primera necesidad que son exclusivos de la tienda comunal; frijoles, arroz, maíz, aceite, etc.

  1. La administración del agua potable

Bendecidamente nuestra madre tierra nos brinda la gentileza de dotarnos del manantial de agua, lo que implica a sus habitantes la protección, promoción y cuido del vital líquido. Esto nos hace pensar y actuar en conjunto para su preservación. La administración del agua, la garantía y beneficios que esta ofrece a cada habitante hace que nos veamos en la necesidad de dialogar, debatir y accionar en función de su protección.

El agua es uno de los recursos comunitarios que nos cita a asambleas, nos convoca a trabajos comunitarios, nos une con la contribución solidaria y nos organiza para el funcionamiento óptimo. Incluso el agua –como el resto de aspectos analizados- nos conflictúa en el cómo administrarlo, pero que producto de esas fricciones, surgen acuerdos que nos adhieren a la mayoría en el mantenimiento de criterios colectivos.

El agua es un bien y un servicio comunal que esta constantemente apareciendo en los diálogos por las calles, los hogares, los encuentros grupales e incluso en las actividades culturales. Es un tema que nos interesa a todos y a todas.

  1. La Escuela cuasi-comunal

La Escuela es un servicio que requiere una especial atención por parte de este análisis, puesto que es el lugar en que nuestros niñas y niños se encuentran en primera instancia con los valores de lo que es vivir en comunidad. Ya la familia forma parte en fomentar una visión de cómo vivir en comunidad, eso es valioso, pero el niño y la niña confrontan esa visión con sus pares, que son otros niños y niñas que cargan con la visión de su propia familia, por ende, la escuela se presenta como el encuentro de ese abanico de visiones que en la comunidad subsisten y es precisamente en la interacción entre ellos que se produce la síntesis de la visión del mundo que va construyendo el o la estudiante. En esta sístesis que realizan, las maestra (lo decimos claramente, solo son maestras) juegan un papel trascendental de mediadoras en el aprendizaje sobre los avances de la humanidad a través de las diferentes ciencias y disciplinas, así como el crecimiento y aprendizajes que la comunidad ha desarrollado. Además de mediar entre las motivaciones, personalidades e intereses de cada estudiante con los objetivos propios del proceso educativo y de la comunidad.

En fin, la Escuela es un espacio donde de generación en generación han transitado la niñez y la juventud, un lugar donde conocimos y aprendimos de las y los habitantes de nuestra comunidad, donde vinculamos al compañero y la compañera del aula con la familia que enfrenta dificultades, que vive alegrías y que tiene maneras de participar en comunidad. También ahí la niñez forja su identidad comunitaria y nos comenzamos a conocer en familias.

La conducción de la comunidad sobre la escuela es un papel que garantiza el traslado de las lecciones generacionales vividas en la comunidad, es la vinculación de las familias con el proceso educativo de sus hijos e hijas. Actualmente es cuasi-comunal porque en parte es subsidiada por el MINED y en parte es apoyada, administrada y conducida por la comunidad. Es decir, políticamente la conduce la comunidad, pero la Escuela forma parte del sistema nacional de educación, ya que las maestras son contratadas por el Ministerio y hay una integración con los programas nacionales, pero las maestras incorporar las propias características y sentidos de la comunidad. Esto es posible porque ellas han sido producto de la cosecha comunal, como la mayoría de docentes que aportaron a la Escuela desde sus inicios. Casi todos y todas las maestras han crecido en Santa María de la Esperanza.

Quizá no es la Escuela perfecta y tendrá sus dificultades o detalles por mejorar,  por ello es obligación de sus habitantes enriquecerla cotidianamente, porque es parte de nuestro patrimonio. Y aquí quisiéramos apuntar algo que muchas veces aparece en los debates sobre este tema y es que la escuela no es solo responsabilidad de las maestras, es ante todo un espacio de todas y de todos y de nadie al mismo tiempo, así como todos los otros proyectos que hacen ser a la comunidad:

Sin duda, siempre existe el pre-juicio sobre como debiera ser mejor la educación en nuestra escuelita por parte de algunos habitantes, que lleva a muchos padres y madres a confiar más de la escuelas, de las maestras y maestros o incluso de estudiantes desconocidos o externos a la comunidad, en el que no se generará el conocimiento del sentir comunitario como sí se fomenta en nuestra Escuela. Consideramos que no está del todo mal que nuestros hijos estudien fuera de la comunidad, además es un derecho soberano de cada familia, pero sin en comunidad pensamos, advertimos que esto también debilitaría el construir comunidad, por el sentido identitario, ademas que el confrontar el mundo a corta edad, sin los cimientos bien sólidos es fácil transpolar con ellos y ellas, una infinidad de prácticas y principios que deterioran el sentido comunitario.

  1. Organización comunal

Cumple las funciones del pulmón o el hígado en nuestro cuerpo comunitarios, ya que filtra las toxinas y perezas individuales: es donde la persona confronta su mundo con el mundo del entorno y crea un sentido colectivo. La organización a su vez genera y construye colectivamente compromisos con el otro, la otra. Hace de la personas un ser social y complementario.

Creemos que en la base de la organización, el ser comunitario se gesta, se desarrolla y se impregna de acciones colectivas. Ahí es donde nos hacemos precisamente como corresponsables de nuestro proceso y de nuestro hogar común, donde asumimos lo que hemos llamado sentido comunitario.

La organización comunitaria es el lazo que nos une con el resto de factores que estamos analizando y que nos mantiene en un mismo camino, con tensiones, pero en un mismo camino. Además es el lugar propicio para el crecimiento y desarrollo de cada habitante como miembro de este proceso, donde se genera el debate y la acción sobre el rumbo de las y los caminantes en Santa María de la Esperanza.

La mayor expresión organizativa actual esta acentuada en la Asociación Comunal y la Directiva,  de ahí se derivan comisiones de trabajo como la tierra, la de festejos, la de la juventud, entre otras, que son producto de una elección popular en las Asambleas comunitarias. Lo fundamental aquí es la participación desde las fortalezas individuales puestas al servicio del colectivo. Por ello, la organización deberá ser de todas y de todos o de nadie, pero cada quien desde su potencialidad y su capacidad aporta y deberá aportar a la construcción colectiva del proceso.

En fin, estos componentes creemos es el hilo conductor que aun sostienen la Comunidad, aunque conscientes que producto de ellos se generan una gama de ideas, principios, valores, acuerdos, sentimientos, reglamentos y prácticas que sustentan y robustecen la comunidad, pero que en esencia la dilapidación de estos componentes llevaría en primera instancia al abandono del sentido de comunidad y a la comunidad misma. Porque como nos lo recuerda F. Engels en el Discurso ante la tumba de Marx “…Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo…”[2] por tanto, estos medios de vida inmediatos hacen que nuestra Comunidad pueda construir valores, relaciones, prácticas y una espiritualidad al entorno de ellos, que nos permite mantenernos unidos en un sentido de comunidad.

SALVANDO LA LUCHA COTIDIANA DE LA GENTE

Sin duda, este escrito responde en su esencia a condiciones materiales de la existencia de nuestra comunidad, porque partimos de la idea que el vínculo que nos mantiene integrados y que en cierta medida condiciona las interrelaciones entre sus habitantes es lo colectivo (tierra, tienda, finca, agua, escuela, ADESCO) pero no queremos dejar de desconocer el papel fundamental que juega el nivel de conciencia y los acuerdos normativos (explícitos e implícitos) que se han configurado bajo esta realidad de vivir en comunidad. Porque la manera en que se ha organizado la convivencia, que se han establecido las relaciones, así como los atributos y las formas característicos propios que nos ayudan a ser lo que somos[3] ha contribuido a estrechar y fraternizar la convivencia comunitaria. Asimismo, las condiciones materiales y la vigencia de nuestros valores y los acuerdos normativos que nos mantienen en comunidad no podrían ser posibles sin la voluntad y el deseo tenaz de las personas que quieren y luchan incansablemente por la Comunidad.

En este sentido, la memoria histórica juega un papel importante en nuestro quehacer, en cómo el pueblo o la gente de nuestra comunidad asume la historia que ha venido construyendo, la manera en cómo se ha apropiado de los valores, de cómo ha defendido y reivindicado o resignificado su vida en este hogar. La memoria sobre el procesos de hacer comunidad también puede ser una herramienta que contenga, sostenga o prevenga la erosión de los componentes analizados hasta el momento.

La organización de la Junta Directiva, las Asambleas Comunales, los Festivales de Maíz, las tardes alegres, los encuentros deportivos, las “mingas” comunales, los encuentros en la tienda, las reuniones de comité de trabajo, las amistades estrechadas en la Escuela e incluso la velas y entierros de nuestros seres queridos se traducen en las maneras de relacionarse, y son precisamente esas convivencias que son fundamentales en el mantenimiento de Santa María de la Esperanza. Así como ellas, están los valores, principios, normativas y reglamentos que se han desarrollado y se siguen gestando para el sostén de este tipo de modo de vida comunitario y vale aquí citar nuevamente a Engels cuando menciona que “Somos nosotros mismos quienes hacemos nuestra historia, pero la hacemos, en primer lugar con arreglo a premisas y condiciones muy concretas. Entre ellas, son las económicas las que deciden en última instancia. Pero también desempeñan un papel, aunque no sea decisivo, las condiciones políticas, y hasta la tradición, que merodea como un duende en las cabezas de los hombres”[4] porque esos duendes en las cabezas que nos dice, son parte de nuestro imaginario y nuestras maneras de relacionarnos o de reproducir la vida comunitaria.

Es necesario también advertir que el sentido de pertenencia, la identidad colectiva y la conciencia por mantener esta espiritualidad, subjetividades y organicidad de sus habitantes es también primordial. En tal sentido, también se deteriora el modo de vida en comunidad en la medida en que estas actividades (los encuentros, festivales, asambleas, etc.) que tienen que ver con el sentir, pensar y quehacer de sus habitantes, tiendan a ir desapareciendo de la cotidianidad del hacer comunidad y vayan disminuyendo la necesidad afectiva y consciente de la población por hacerlas. La importancia de tener conciencia sobre estas realidades tanto materiales como subjetivas, identitarias y organizativas es porque así defenderemos y seguiremos construyendo o reproduciendo este modo de vida comunitario de Santa María de la Esperanza.

Pero ¿Porque es necesario apuntar sobre estos hilos que nos mantienen en comunidad? En verdad no estamos convencidos de la respuesta en su totalidad, pero si vemos la necesidad como nos lo dice Alice Walker[5] “Poner atención al presente que construyes, (porque) se debe parecer al futuro que sueñas.” Y por ende consideramos oportuno tener claridad en las ideas sobre este presente y que estas sintonicen o se conecten con nuestro horizonte. Lo palpamos en letras además, para compartir las reflexiones con quienes están conscientes de la necesidad de vivir en comunidad y sigamos luchando para que estas condiciones y otros factores quizá no contemplados acá se mantengan como bienes comunitarios y enfrentemos unid@s las batallas futuras de quienes conscientes o inconscientemente lucharán por lo contrario: individualizarnos cada vez más.

Abrazos fraternos,

Yamileth Tovar, Maira y Ángel Monge

Comunidad Santa María de la Esperanza, enero de 2017

[1] Tarde Alegre: En la comunidad donde vivo se entiende como la actividad cultural donde las familias pueden participar, apreciar y hacer obras de teatrales, declamación de poemas, cantos, juegos, antojos o comidas típicas, entre otros.

[2] F. Engels, Discurso ante la tumba de Marx. https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/83-tumba.htm

[3] SANTA MARÍA DE LA ESPERANZA.  https://arbolmonge.wordpress.com/2016/06/21/santa-maria-de-la-esperanza/

[4] F. Engels, Carta a JOSE BLOCH en Königsberg. https://www.marxists.org/espanol/m-e/cartas/e21-9-90.htm

[5] Alice Malsenior Walker es una escritora afroamericana y feminista que recibió el Premio Pulitzer a la obra de ficción en 1983 por la novela El color púrpura, donde relata la historia de una joven mujer negra en lucha no sólo contra el racismo de la cultura blanca, sino también contra las actitudes fomentadas desde el patriarcado negro.

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