SANTA MARÍA DE LA ESPERANZA <Nuestra Comunidad>

Este escrito está dedicado en memoria a don Víctor Manuel Méndez “Don Meme”

Uno de los gigantes de nuestra comunidad que se nos adelanto hace un año.

 

la esperanza

Quiero comenzar expresando que participe en un Trabajo Comunal, que nosotros y nosotras conocemos como “Minga”, asumido el término por una visita que el fundador, guía, amigo y Padre Fabián Amaya Torres conoció en la región andina del Sur de América y compartió como regalo para titular lo que hacemos en trabajo colectivo por nuestra comunidad, pero también con el propósito de contribuir al mismo tiempo a fortalecer los lazos de hermandad y solidaridad entre las y los habitantes. En esta Minga sentí –como en todas las otras- ese espíritu de servicio y cuido de nuestros recursos que son un tesoro para nosotros/as, así mismo (y esto es lo que quiero precisar y enfatizar), vivencie ese sentido de comunidad, ese ejercicio de ser parte de un solo cuerpo, de una gran familia deseosa de construir una casa común, un horizonte de seguridad y justicia, cultura y productividad, de paz y alegría.

 Santa María de la Esperanza es mi hogar, nuestro hogar, construido y edificado a semejanza de los sueños y anhelos de un pueblo organizado, libre, culto y desarrollado. Por ello vale resaltar que la comunidad no solo lo entendemos como un espacio territorial donde habitan determinadas personas. Va más allá de un lugar,  porque la comunidad es en esencia un sentimiento individual y colectivo, un sentimiento de convivencia e identidad. Siendo un poco más riguroso con la ciencia son procesos psicosociales de aprensión, de transformación y de liberación que se dan en las personas que, por convivir en un cierto contexto, con características y condiciones específicas, han desarrollado formas de adaptación o de resistencia y desean hacer cambios… <la comunidad> es un ente en movimiento, que está siempre en el proceso de ser, así como ocurre con las personas que la integran. Lo que permite definir la identidad social y el sentido de comunidad que construyen sus miembros y la historia social que igualmente se va construyendo en ese proceso, que trasciende las fronteras interactivas de la comunidad y le otorga a veces un nombre y un lugar en los sistemas de nomenclatura oficial e informales de la sociedad”[1] En concreto el sentido comunitario es lo que nos hace transformar nuestras vidas individuales en la medida en que trasformamos nuestra comunidad, es la conciencia y el sentimiento de construir colectivamente.

La comunidad no es aun lo que queremos que sea, pero está en camino.

Muchos dirán que esta idea es absurda, que no refleja la realidad comunitaria, que los problemas son graves, que la inseguridad nos asecha, que los valores se están perdiendo, que la solidaridad esta desgastada y que el espíritu colectivo se marchitó, etc. Pero quiero salir al paso afirmando que nuestra comunidad es una experiencia genuina, llena de fortalezas y de organización, que ha logrado superar algunas limitantes que en otras comunidades se han estancado. Reconozco que San María de la Esperanza vive inmersa en una sociedad capitalista hostil, que atenta diariamente para derrumbar nuestras victorias, nuestros esfuerzos: la inseguridad, los anti-valores de la sociedad, el mercado capitalista, el consumismo, el fanatismo al deporte, la concepción conservadora e idealista de la vida, la moda, la doble moral, las adicciones o vicios, etc. no están exentos de nuestra realidad comunitaria, pero las enfrentamos con coraje y a pesar de ello avanzamos.

Y es que no es por ingenuidad que sucede esto. El sistema capitalista hace inmensos e innumerables esfuerzos para hacer de este pueblo salvadoreño y de Santa María de la Esperanza, un pueblo con baja autoestima, que le dificulte reconocer sus virtudes, que se encierre es sus problemas, que lo aprisione la desesperanza, que lo haga conflictuarse con sus semejantes, que pierda la visión del horizonte, que no celebre sus pequeñas victorias. Eso no es casualidad amigos y amigas, esto tiene la intencionalidad de mantenernos divididos y subestimados de nuestras capacidad de cuestionar el orden social establecidos por otros (los ricos), pero principalmente quieren subestimemos nuestra capacidad de pensar y crear, de construir nuestro mañana transformado. Por ello, hoy quiero resaltar que nuestra comunidad tiene cualidades excepcionales, atributos y característicos propios que nos ayudan a ser lo que somos, a mostrarnos como una comunidad ejemplar, son aspectos relevantes que hay que renombrar, sin desmerecer otros que también podemos considerar:

  1. Nuestros principios y valores: “Sueño con una comunidad cristiana, no viviendista” nos decía el Padre Fabián Amaya, frase que se nos ha pegada en nuestra piel, por lo que; los valores de la justicia, el amor o cariño reciproco y hermandad son elementos que nos caracterizan. Además, tenemos principios como la solidaridad, la justicia social y equidad, el trabajo voluntario o “sentido comunitaria” que le llamamos, y principalmente la unidad: la unidad que no significa uniformidad, sino más bien como se entiende en la 1 Carta a los Corintios, Capitulo 12 versículo del 12 al 26, donde se refiere a la <Comparación del cuerpo>: así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, aunque son muchos, constituyen un solo cuerpo”. Nos sentimos uno, con diferencias y diversidad, pero uno en acción y en comunidad.

Estando inmersos en la comunidad a muchos y muchas les cuesta percibirlo, pero basta escuchar opiniones de otras personas que conocen de nuestra gente, para señalarle estos atributos, o es recurrente que cuando vamos por las calles de nuestra comunidad no nos es extraño encontrarse a alguien y reír con alegría de verse o conversar sobre aspectos comunitarios, de trabajo o personales, así como encontrarse o reunirse para cumplir un objetivo colectivo en beneficio de la comunidad.

  1. Nuestro trabajo comunal “Mingas”: Los trabajos comunitarios son sagrados” nos dijo el Padre David Rodríguez[2] y efectivamente son pocas comunidades donde sus miembros deciden dar un sábado o domingo de descanso para hacer trabajos en la comunidad; para barrer las calles, para chapodar, sembrar árboles de café, reparar una calle o hacer un muro de contención, etc. son trabajos que en años han sido más intensos y en otros más leves, pero siempre nos ha caracterizado hacer esta labor. San María de la Esperanza es producto de este sentido comunitario: casas, escuela, iglesia, calles, tienda, finca, tanques, convento, etc. Se realizaron con esta visión y con el trabajo de nuestra gente.
  2. Nuestros recursos: El papa Francisco en sus última Encíclica sobre “Laudato Si” mejor conocida como “el cuido de nuestra casa común” en el “Segundo Capítulo del sub título 5: Destino común de los bienes” donde nos dice “La tradición cristiana nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada y subrayó la función social de cualquier forma de propiedad privada. San Juan Pablo II recordó con mucho énfasis esta doctrina, diciendo que «Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno». Así como lo dice el pontífice nuestra comunidad ha logrado sostener la idea de la tierra como propiedad colectiva: La finca, la tienda, los terrenos de cultivo y otros espacios comunes; de todos y de nadie al mismo tiempo. En otras comunidades –quizá- ya se hubiera individualizado, vendido, privatizado o sectorizado, pero la sabiduría de nuestros abuelos y abuelas ha sido en garantizar que estos bienes sean comunales; lo que ha significado el trabajo de cada uno/a para que estos recursos nos brinden los recursos que permitan el desarrollo integralmente de la comunidad (y valla que esto a aportado significativamente). Nos ha dado el recurso financiero para ejecutar proyectos y principalmente nos ha dado el lazo común de nuestra unión: la tierra y que como lo fijo el papa en la encíclica mencionada, “nosotros mismos somos tierra”, simbología de nuestra unidad.
  3. Nuestra memoria histórica: Roque Dalton dijo “mis venas no terminan en mí sino en la sangre unánime de los que luchan por la vida y el amor…” idea que nos describe con mucha certeza: Cada familia tiene una historia punzante, fuerte y heroica que ha marcado también la historia de la comunidad. Primero nuestro “Éxodo”, como fue considerado en sus inicios, en el cual perdimos familiares y amistades que hoy son también nuestros mártires; luego la repoblación que hicimos (digo hicimos no porque la viví, sino porque la llevo en mi sangre e historia) marcaron con un sello de pueblo luchador, constructor de futuro en este rincón en el que vivimos y en el que aun continuamos luchando y trabajando para hacer que la comunidad sea lo que nuestros/as fundadoras plantearon, con la visión de Comunidad Eclesiales de Base, comunidad de hermanos y hermanas, de hombres y mujeres protagonistas de su vida y su historia en comunidad. El rescate de estos 5 puntos que detallo, son la esencia de esta memoria histórica de la generalidad de nuestros habitantes. Hay que luchar para que estos sean un constante traslado generacional.          
  4. Nuestra esperanza, alegría y felicidad: Un poema que leí decía que “la sonrisa es la ventana del alma” yo digo que es el reflejo de nuestra felicidad, la constancia de nuestra esperanza y de pueblo que aprende a construir con felicidad, alegrías, sonrisas y dinamismo. Recurrentemente en Juventud Sembrando Esperanza, (que es un grupo de jóvenes de la comunidad) se usa la palabra que somos el dinamismo y la alegría de la comunidad, pero en verdad esto solo es evidencia que vivimos en Santa María de la Esperanza, lo cual ha hecho de nuestra personalidad seres felices y esto no significa que no existan los problemas, sino que es a pesar de ellos y las limitantes que se ha creado un clima de alegría, una especie de esperanza viviente, que nos ayuda a vivir en comunidad, a luchar en comunidad y a trabajar con felicidad. Solo vasta revisar nuestra historia comunitaria donde la creatividad en los sociodramas, en las fiestas comunales, las asambleas, los trabajos comunales se convierten frecuentemente o casi siempre en espacios de risas y alegrías. Nuestros mismos abuelos y abuelas nos heredan este espíritu de alegría y entusiasmo. Por ello, Somos un pueblo en comunidad, feliz y luchador…

 

FUNDADORES/AS

Pero entonces ¿Por qué tenemos todo esto en Santa María de la Esperanza? ¿Por qué somos así? La respuesta es gigantesca y hay muchas razones que podríamos encontrar que nos han llevado a esto; la solidaridad, el contexto de lucha del pueblo salvadoreño, el producto de la resistencia en los `70 y ´80, la teología de la liberación, los sueños de muchos depositados acá, y muchos más innumerables. Pero hoy quiero poner énfasis en que es producto de los sueños, principios, valores y luchas colectivas de nuestros fundadores que han desarrollado en esta edificación de la comunidad: Padre Fabián Amaya, José Ángel Monge, Víctor Manuel Méndez, “Moncho” Guardado Esperanza Menjívar Tovar, Guadalupe Menjívar, Jorge Zamora, Armando Quintanilla, Cande Cardozo, José Zavala; además estuvo Juan Pineda, niña Esther y Antonia, Anacleto Chicas, Mercedes y Alicia Monge, Alfredo Zabala, Nicolasa Amaya…. y sus familias que siempre los acompañaron.  Pero fueron los primeros tres que guiaron este lindo proceso.

Ya el Padre Fabián Amaya se nos adelanto un 12 de Mayo del 2001, dejando huérfana a nuestra comunidad, pero nos dejó el reto de continuar edificando su sueño. El 13 de Junio del 2015 vivimos nuevamente la partida de otro de los gigantes de la comunidad, Don Víctor Manuel Méndez, “hombre constructor de esperanza, de justicia y comunidad…” reza un poema creado y trazado en una manta elaborada por l@s jóvenes de Juventud Sembrando Esperanza JSE. Y es la partida de Don Meme, como cariñosamente le llamábamos que me motivo a escribir estas palabras para la comunidad.

Víctor Manuel Méndez, nació el 02 de abril de 1946, en Panchimalco, estudios en una escuela pública y llego con sacrificio hasta 3º Grado. A los 27 años se caso con Gudelia Monge y tuvo 2 hijas y 5 hijos: Ernesto, Manuel, Francisco, Carmen, Abraham, David y Ana María. Los mayores le dieron el gusto de vivenciar ser abuelo. Trabajo en la Colonia Escalón de San Salvador, como vigilante por más de 10 años para proporcionar -junto a su esposa- los alimentos de sus hijos e hijas.

En el periodo del conflicto conoció al Padre Fabián y a José Ángel Monge quienes les ofrecieron un espacio, un hogar donde desarrollar su vida, pero también le dieron una  misión: acompañar la construcción de nuestra comunidad, cuya misión desempeño incansablemente y honorablemente.

El forjó una personalidad que lo hizo tener como principal característica la valentía, el temple y el carácter necesario para afrontar la vida. Con esas habilidades creció en comunidad –como todos y todas- diciendo la verdad y señalando los problemas tal cual eran, a decirlos en el lugar y a las personas indicadas. Así se destacó como líder de la comunidad. Sus ideas, palabra y su voz tenían fuerte resonancia en lo que significo y significa la comunidad . Junto a las y los fundadores crearon una capacidad de análisis integral y de visión comunitaria para hacer de esta comunidad, una comunidad ejemplar.

Don Meme, con Ángel Monge acompañaron al padre Fabián en este camino por idear una comunidad ejemplar, que fuera esperanza para otras comunidades. En sus inicios Don Meme fue uno de los pilares y precursores de la construcción de la casas para las familias, trabajo arduamente en los “colectivos”[3], fue de los primeros en formar parte del Equipo Pastoral, que era el órgano de dirección más importante de la comunidad antes de que existiera Directiva. Lideró en 1994 la Primer ADESCO comunitaria e impulsaron proyectos de legalización de las tierras, las lotificaciones, etc. Acompaño también la electrificación de la comunidad, la compra de los nuevos terrenos, los proyectos del agua, la iglesia, la tienda, la escuela y otros tantos proyectos que hoy son legado de todas esas personas que dieron su energía y sabiduría para construir el Reino de Dios en esta Tierra.

Don Meme –aunque no fue el único que entrego su vida a este proyecto- es uno de esos gigantes que hicieron posible esta cuna de amor en la que hoy vivimos y que llamamos Santa María de la Esperanza. Por ello la partida física de Don Víctor Manuel significa ver partir a uno de los pilares de nuestra comunidad. Sin lugar a duda, esto nos genera nostalgia comunitaria y personalmente quiero sintetizar mi tristeza de su pronta partida en dos cosas: Uno es que él (como uno de los fundadores) significa uno de los portadores de los principios y valores comunitarios en los cuales ya hemos hablado arriba. Lo otro es que él era uno de nuestros baluartes de este proyecto comunitario y era la historia viviente que contribuía aun enormemente a mantener lo que es Santa María de La Esperanza, con su solvencia, moral y trabajo que lo caracterizaba.

Además quiero agregar un aspecto más como mucho respeto y discúlpenme anticipadamente por decirlo, pero no puedo dejar de expresar que me produjo un cierto descontento o disgusto el día que nos enteramos de su fallecimiento –en la vela- así como en su entierro y “el último”, no hubo afluencia de gente y no se realizó un acto de reconocimiento por su labor. Desde ese entonces, he escuchado varias razones que puedan justificarlo, pero aun así, me quedo –aun año- con la sensación que como comunidad no dimensionamos lo que Don Meme significó y significa para Santa María de la Esperanza. Espero equivocarme en esto y ojala así sea.

Ante ello, la promesa que le hacemos a Don Meme y que le hacemos al resto de los fundadores que abrazaremos su herencia (la comunidad) como un tesoro y luchare, más bien, lucharemos por mantener la comunidad que ustedes nos heredaron como patrimonio de vida.

Aclaro además que con todo estos elogios que resaltamos en nuestra gente, en nuestros abuelos y abuelas y principalmente en Don Meme, en ningún momento buscamos idealizarlos o pensar que fueron perfectos, ni Don Víctor, ni nadie más, eso sería algo que hasta él mismo nos lo corregiría, simplemente queremos resaltar el valor que significa y significo su empeño, entrega y sacrificio por esta comunidad, lo cual no expresa -en ningún momento- el desconocimiento de las limitantes que estamos trasformando.

Finalizo diciendo que Santa María de la Esperanza no es solo un tesoro escondido en un rincón de Santiago Texacuangos, sino mas bien, es un rincón profundo y enraizado en el corazón y la mente de su gente y que sigue siendo La Comunidad Prometida de sus pobladores/as, porque cada habitante hace diariamente su valioso empeño por mantener, cultivar y desarrollar éste nuestro hogar. A esa gente trabajadora de nuestra comunidad le debemos el respeto y la gloria de las/os que hoy vivimos en este vínculo y sentido de comunidad.

 

 

Ángel Josué Monge

13 Julio 2016, Santa María de La Esperanza

 “No creo que seamos parientes muy cercanos, pero si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es más importante.”

Ernesto  ” Che” Guevara

 

[1] Maritza Montero, licenciada en Psicología por la Universidad Central de Venezuela,  reconocida por su labor en el área de la psicología comunitaria. Extracto del libro <Introducción a la Psicología comunitaria (2004), Pág. 197-210>

[2] Sacerdote excomulgado por la iglesia jerárquica. Fundador (junto a otros sacerdotes) de las Comunidades Eclesiales de Base, bajo la filosofía de la Teología de la Liberación. Excombatiente de la guerrillera y actual militante dirigente del FMLN. Fue diputado 1997-2015, actualmente es diputado suplente por el Departamento de La Paz y organizador de la Comunidad los Marranitos, Zacatecoluca. Pero ante todo, un revolucionario y luchador social.

[3] Colectivos: fueron una experiencia de no duro más de dos años, en el que la comunidad cultivaba y producía colectivamente algunos granos como el maíz y el frijol. El cual lo recolectaban en un banco común y luego se repartía en iguales condiciones.

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