soy semilla

Cuando estamos peques, nos insisten en que hablemos, balbuceemos y nos expresemos, es así que frecuentemente se escuchar: “Diga papá…Diga mamá…” y reproducimos esas prácticas insistentes, digo reproducimos porque también suelo decirle a mi sobrino Camilo, “diga Tío”. Es una práctica común que tenemos para motivar o promover el habla de niños y niñas. Lo paradójico de esto es que cuando crecemos y llegamos a la edad en que podemos articular mejor las palabras y establecer congruentemente las ideas y concepciones de la realidad, es ahí donde precisamente nos cohíben o reprimen hablar sobre algunos aspectos de la realidad, nos encajonan en expresar solo las palabras e ideas que no atenten contra el orden históricamente establecido y nos permiten decir o mejor dicho reproducir solo las ideas preconcebidas por un sistema que esencialmente produce una masa de población que sea obediente y sumisa a lo que se dicta. Crea un ambiente social y una actitud individual domesticada, apática y no critica de la realidad en la que estamos inmersos. Por eso cuando estamos mayores ya no nos insisten en que expresemos lo que pensamos o sentimos. Nos mutila la capacidad de crear y recrear el mundo.

Efectivamente se explica porque hay un sistema múltiple y hegemónico de dominación que se encarga diariamente y bajo todas las formas posibles: directa e indirectamente, abiertamente y sutiles, visibles y ocultas, por coerción o por consentimiento de cómo “debemos” concebir el mundo, donde no caben los cuestionamientos a este. Y vale traer a la memoria que ya estamos arribando a los 500 años (donde recordamos la hazaña de los pipiles que le clavaron una Flecha Nativa al Español Pedro de Alvarado, 1524) donde también se efectuó la invasión a Centroamérica y nuestro Cuscatlán, invasión que enfrento una férrea y persistente resistencia heroica de nuestro pueblos originarios por varios años y que termino consumada con la conquista y posteriormente con la colonia que fue instalando sistemática y progresivamente la composición sociopolítica, económica y cultual de lo que hoy conocemos como El Salvador y donde se ha instituido y normalizado una cultura de dominación de las clases dominantes sobre la subyugación de las clases subalternas, que a pasado de grandes concentraciones de tierras en pocas manos, por dinastías familiares, por concentración de poder político militar y del Estado, del dominio de los espacios culturales, etc. Así como de insurrecciones indígenas, de luchas campesinas y de movimientos sociales-populares y de fuerzas guerrilleras y hoy partidos políticos, etc. Por eso hay certeza en lo que se afirma que nuestro pueblo es un puñado de tierra o pulgarcito de América, pero que ha sido el suficiente espacio como para librar y dar las históricas batallas que nos han caracterizado como un pueblo inconforme con este sistema capitalista y patriarcal, que ha buscado bajo cualquier circunstancias liberarse.

Hoy nos encontramos en escenarios diferentes, en condiciones y perspectivas diversas, en puestas en común. Hoy regresamos más intensamente a las ideas Latinoamericanas de hacer nuestra anhelada segunda y definitiva independencia, pero con autonomía y soberanía, donde se construya una Patria Grande con nuevos valores y nuevas perspectivas de la vida y las vidas del mundo. Esa construcción de un nuevo orden mundial, con justicia y equidad, con armonía e igualdad, donde sean los pueblos que decidan sobre su rumbo, sobre lo que producen, sobre como y para quien se produce e incluso sobre como se distribuye eso que se produce. Este nuevo mundo posible, es incompatible con el actual sistema; sus fundamentos y filosofía son contrapuestos en todo sentido, es por ello que nos encontramos en una lucha permanente, en un combate contra la ofensiva imperial que no sedera ni un metro de poder para el pueblo. ¡Habrá que conquistarlo! Todo esto camaradas, es producto de las contradicciones necesarias y dialécticas de la renovación de lo viejo por lo nuevo.

Bajo este contexto regreso al primer presupuesto; nos enseñaron a callar, a obedecer y a no cuestionarnos el ¿Por qué suceden las cosas como suceden? Y si nosotros/as somos las y los afectados ¿Quiénes se benefician? Y ¿De que manera hacen que defendamos y reproduzcamos esas ideas? Esta y más preguntas merecen ser resueltas, merecen nuestro análisis, nuestro debate y opiniones, y porque también nos resultan fundamentales para entender, por ejemplo, el porque hay niños y niñas que deambulan por las calles buscando comida y en el restaurante La Ventana de Paolo Luers y el Súper Selectos de Carlos Callejas botan la comida. Es así que hoy insistamos [como se nos insistió cuando éramos peques] a emitir sus opiniones, a debatir y proponer alternativas. La Flecha Nativa debe ser ese espacio de convergencias de pensamientos y propuestas desde abajo y a la izquierda como afirmaron las y los camaradas Zapatistas, de cómo acercar nuestras utopías de un mundo nuevo a nuestra realidad concreta.

En particular, busco develar y problematizar temas e ideas que hierran las aristas que el sistema a permeado, para ir descubriendo maneras de cómo transformarlas, de cómo traducirlas en mi vida práctica, de cómo nos sirve para construir propuestas de cómo ir paso a paso, letra a letra cambiando de raíz todo este sistema de injusticias. Porque como dijo un grande, de lo que se trata es de trasformar el mundo (y con ello nuestro mundo) y no solo de interpretarlo.

Árbol Monge

9 de junio 2015 

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